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LA VOZ DE DIOS
1RA REYES 19:11-13
¿Alguna vez ha deseado que Dios le hable? Me parece que la inmensa mayoría de las personas que asisten a la iglesia, y aún entre aquellas que no la frecuentan, le gustaría y hasta anhelan tener la experiencia de que Dios le hable. Son muchas las “decepciones a ese respecto ya que frecuentemente escuchamos personas decir expresiones como estas: “hace tiempo que Dios no me habla” o “vine buscando que Dios me hablara, pero no me ha dicho nada”. Otros corren detrás de evangelistas y predicadores de renombre buscando oír la voz de Dios sin éxito. La pregunta es ¿qué pasa que hay personas a quienes aparentemente Dios no les habla? Veamos la historia bíblica del profeta Elías como ejemplo de cual debe ser la actitud correcta para escuchar la voz de Dios.
Para poder entender esto a cabalidad debemos partir del hecho de que Dios siempre ha querido hablar con el hombre. A Dios le gusta comunicarse con su creación. Cuando vemos la imagen de la relación de Dios con Adán en el huerto, vemos que Dios hablaba directamente con él, “…y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba por el huerto, al aire del día…” (Génesis 3:8). Por lo tanto podemos decir que Dios desea hablar contigo.
En la historia de hoy, Elías venía de pasar una serie de eventos que lo habían dejado sumamente agotado, tanto física como espiritualmente. Este tipo de agotamiento usualmente viene acompañado de momentos de tristeza y hasta de depresión. Ese era el caso de Elías. A pesar de que conocía a Dios y había visto las maravillas de El, se encontraba cansado, abatido por las circunstancias y con deseos de huir de las mismas. Muchas veces usted y yo nos encontramos en la misma posición de Elías. Con deseos de huir y escondernos de las circunstancias de la vida. Sin embargo, Dios no se había olvidado de su siervo Elías como no se ha olvidado de ti. Luego de enviar un ángel que lo alimentara lo suficiente como para que llegara a la cueva a la que se dirigía, llegó el momento de hablarle de forma directa. Muchas veces Dios guarda silencio hasta llevarnos al lugar destinado por El para hablarnos. Tendemos a desesperarnos porque no nos habla en el momento que queremos, sin entender que Dios no nos va a hablar en el momento que queremos, sino en el momento preciso elegido por El para sus propósitos.
Allí estaba Elías en una cueva, lamentándose de su miseria y escondido del resto de la humanidad. ¿No estará usted igual que él?, escondido detrás de sus problemas y huyendo de su realidad. Aún así, Dios decidió hablarle y aprovechó esa oportunidad para darnos a nosotros una gran lección acerca de cómo debemos escuchar la voz de Dios. Lo primero que hizo fue invitarle a salir fuera de la cueva en la cual estaba escondido. Llámese como se llame, trabajo, depresión, noviazgo, afán de la vida. Lo primero es salir de esa cueva y luego tienes que, “estar atento” para cuando Dios pase. Cuando Dios decidió pasar frente a Elías acontecieron cuatro eventos importantes. Primero, vino un gran y poderoso viento, luego un terremoto y luego un fuego, sin embargo Jehová no estaba en ellos. No fue hasta que vino un silbido apacible y delicado que Elías tuvo que postrarse y reconocer que en ese silbido estaba Dios. Hoy día hay muchas distracciones alrededor nuestro que nos impiden escuchar la voz de Dios. Tenemos demasiadas cosas que distraen nuestra atención de aquellas a las que debemos dar importancia. La exhortación del Señor hoy es que no permitas que las distracciones que te rodean, que nos tienen en un frenesí y carrera constante te impidan escuchar la voz de Dios. No todo el tiempo Dios te hablará en el bullicio de los afanes de cada día. Habrá momentos en que querrá hablarte en la intimidad de tu habitación o en el silencio de la noche. Lo ideal sería decirle al Señor como le dijo el profeta Samuel: “habla Jehová porque tu siervo oye”. (1ra Samuel 3:10)
Pastor Luis Orlando Cruz