¿Quienes Somos? Visión Nuestro Credo Saludos Cuerpo Pastoral Cultos, Reuniones y Horas De Oficina

 

 

 

MISIONES: UN CHOQUE DE DOS VOLUNTADES
(Hechos 1:4-7)

Un momento para no olvidarlo nunca jamás.  Los discípulos del Señor están junto al Maestro reunidos en el monte del Olivar (Hechos 1:12) y saben que están viéndolo por última vez.  Tal y como había sucedido hacía unos 930 años en un lugar cercano – el Río Jordán – cuando Eliseo y Elías se vieron por última vez, antes de que este último fuera arrebatado al cielo en un torbellino (2da Reyes 2:12).  Y antes de que esto ocurriera, Eliseo fue sabio al pedir como “herencia del primogénito” una doble porción del espíritu de Elías, la cual narra la Biblia que le fue dada (2da Reyes 2:10), pues esto era vital para su ministerio, que apenas nacía.

El momento para los discípulos era único.  Estaban frente a Jesús y éste está dando las instrucciones finales.  Que no se fueran de Jerusalén (1:4) hasta que fueran investidos de poder de lo alto (1:5) para el trabajo que les esperaba: ser los esparcidores de la Palabra de Dios por todo el mundo.  Si nosotros estuviéramos en lugar de los discípulos y supiéramos que ésta era la última vez que íbamos a dirigirle la palabra en presencia física, ¿qué le diríamos o preguntaríamos?  O, ¿qué le pediríamos?  Si hiciéramos un sondeo a ese respecto, de seguro que las respuestas serían variadas, pero casi todas tuvieran que ver con nuestra relación con El.  Sin embargo, en lugar de esto, su pregunta fue: “Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? (1:6).  Una pregunta de matiz completamente político y terrena, que el mismo Jesús se las contesta diciéndoles que esto es algo que no le correspondía a ellos saber, porque era un asunto exclusivo de la soberanía del Padre (1:7).

¿Cómo se habrá sentido Jesús con semejante pregunta?  ¿Frustrado?  Estos discípulos estudiaron por e años en la mejor escuela teológica y apostólica que nunca antes haya existido, enseñaron, sanaron enfermos, reprendieron demonios, fueron testigos de resurrecciones y ya habían recibido el llamado de ir a todo el mundo a llevar estas preciosas nuevas (Juan 20:21), y sin embargo todavía estaban pendientes de ellos mismos, de unos deseos meramente patrióticos, de cosas que no tenían nada que ver con el plan de Dios.  Y es precisamente éste uno de los mayores problemas que encara la obra misionera, no solamente en nuestro país, sino a nivel mundial: Una lucha de dos voluntades, la mía vs. la de Dios.

Nuevamente debemos hacernos la pregunta si a estas alturas Jesús debe estar sintiéndose frustrado ante lo que está viendo.  Primero nos salva, luego nos capacita y nos da las herramientas y garantías – “yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20) – para poder cumplir Su misión, y lo que ha obtenido como resultado es el ver muchísimos hijos suyos enfocando todos sus esfuerzo y recursos en planes personales o grupales, en proyectos quizás de segundo orden, pensando en que con esto están haciendo Su voluntad.

Como ya hemos expresado anteriormente, esta es una lucha de dos voluntades… ¿Y quién gana?  ¿Son más los vencedores o los vencidos?  Si Jesús mismo nos pidió que rogáramos al Señor de la mies que envíe obreros a Su mies porque los obreros siempre seguirán siendo pocos (Mateo 9:37-38), esto significa que siempre habrá muchos vencidos, o sea, siempre serán muchos los que desean hacer su propia voluntad en vez de la de Dios.  La pregunta a hacernos es: ¿A cuál bando pertenecemos o perteneceremos?  ¿Al de los vencedores o de los vencidos?

¡Dios te bendiga!
Tu Hno. Juan C. Rivera

 


 

 

 

 

Domingo 14 de Septiembre de 2008.