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VII CONFERENCIA MISIONERA
¿Y COMO PREDICARAN SI NO FUEREN ENVIADOS?

Durante esta semana, del 14 al 21 de septiembre, estaremos celebrando nuestra VII Conferencia Misionera la cual hemos venido celebrando cada año gracias a nuestro Señor.  El propósito de la misma, es concienciar a la congregación acerca de su propósito en esta tierra como iglesia de Jesucristo de llevar el mensaje del evangelio desde su lugar de ubicación hasta lo último de la tierra, esto es a todas las naciones (Mateo 28:19-20).  Este mandato de Dios que encontramos en muchos pasajes de la Biblia, no es para un grupo exclusivo de creyentes dentro del cuerpo (Marcos 16:15-16; Lucas 24:46-47; Hechos 1:8).  En estos versos se aprecia un mandato directo a la iglesia, representada en ese entonces por los apóstoles.  Esto es así, ya que por su condición de hombres se les imposibilitaba el cumplir con este mandato directo, pero la iglesia del Señor la cual ellos edificarían bajo la unción y autoridad provista por el Espíritu Santo de Dios, cumplirá la tarea encomendada a través de los años en su esparcimiento por toda la tierra.

El hecho de que el Señor nos diera este mandato no significa que todo creyente está llamado a iniciar un viaje misionero a cada país del mundo, ya que es claro en la Palabra que como miembros del cuerpo de Cristo, no todos tienen la misma función (Romanos 12:4-5; Efesios 4:15-16).  Al ser miembros de un solo cuerpo, la integración y maduración de cada creyente nos lleva a interesarnos profundamente y con amor en el bienestar de cada hermano, pero no limitándonos a los de nuestra congregación, sino también a cada uno de nuestros hermanos en Cristo Jesús en cada lugar de la tierra.  Como iglesia del Señor, debemos entender que es nuestra responsabilidad hacer posible que cada ministerio misionero alrededor de la tierra prospere en su labor evangelística comenzando por ser fieles intercesores en constante oración.  Cada misionero que sale al campo, cada iglesia levantada, cada recurso de apoyo, cada Biblia al igual que material educativo, entre otras necesidades son nuestra responsabilidad.

Si consideramos la magnitud de este mandato nos podríamos preguntar: ¿cómo podremos hacemos cargo de tan grande encomienda?  ¿Qué diferencia podríamos hacer en el resto del mundo siendo nosotros tan pequeños?  Entre otras muchas preguntas.  La verdad es que no nos toca hacer las preguntas sino entender que somos, como iglesia, la respuesta.  El Señor nos pregunta, ¿cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído?  ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído?  ¿Y cómo oirán sin haber quién les predique?  ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? (Romanos 10:14-15), y ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? (Isaías 6:8).  Nuestra respuesta debe ser la de Isaías, “Heme aquí, envíame a mi”.  Al hacer esto, recibimos una alabanza de Dios, aunque de ella seamos inmerecedores.  El Señor nos dice: …¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Dios les bendiga,

Javier Montañez Serrano

 


 

 

 

 

Domingo 14 de Septiembre de 2008.