¿Quienes Somos? Visión Nuestro Credo Saludos Cuerpo Pastoral Cultos, Reuniones y Horas De Oficina

 

 

 

 

PERSEGUIDOS, PERO NO ABANDONADOS

Así como el apóstol Pablo, en la actualidad muchos discípulos del Señor son presionados, amenazados, perseguidos y atacados.  Pero no son aplastados, desesperados, abandonados o destruidos porque Dios fielmente sostiene y da poder a sus siervos (2da Corintios 4:7-11) a través de su siempre presente Espíritu Santo (Juan 14:16-26).  ¡A El sea la gloria!

Los creyentes que son perseguidos, por lo general tienen testimonios maravillosos de cómo Dios los guarda y los sostiene; de cómo les da poder para soportar las pruebas; de cómo El pone un amor especial en sus corazones y sus palabras en sus labios para reflejar la gracia divina a pesar de la terrible injusticia y crueldad que enfrentan.  Cuando oramos por estos cristianos que están sufriendo discrimen agobiante, represión sofocante, encarcelamiento y persecución violenta en aumento, debemos orar para que ellos se mantengan firmes y santificados a medida que experimentan la realidad de un Dios amoroso y fiel que nunca los abandona y está con ellos durante sus pruebas (Mateo 28:20; Salmo 23:4)

REFLEXION

Cuando sufrimos amenazas, discrimen, persecución o nos marginan por causa de nuestra fe en Cristo, ¿cómo nos comparamos con el apóstol Pablo?  ¿Nos esforzamos por combatir o vencer la persecución con nuestras propias fuerzas?  ¿Nos vamos a la defensiva par evitar la persecución a toda costa?  ¿Nos hacemos las víctimas y nos rendimos con facilidad?  ¿O, más bien hacemos como hizo Pablo, el cual reconoció que somos débiles y frágiles como vasijas de barro (2da Corintios 4:7) y luego lo miramos a El par que nos dé de su fuerza divina (Isaías 40:31) confiando en Su promesa de que nos baste su gracia (2da Corintios 12:9-10)?  ¿Diremos como el apóstol, “…cuando soy débil soy fuerte”?

Cuando nuestros propios hermanos sufren discrimen y persecución, ¿cómo nos comparamos en cuanto a la fidelidad de Dios?  ¿Los abandonamos por razones políticas o económicas?  ¿Cerramos nuestros oídos y ojos para evitar asumir una carga que no queremos llevar?  ¿Ignoramos la realidad de que el cristianismo implica el llevar una cruz (Lucas 14:27) simplemente porque nos asusta y ofende a otros?  ¿Abandonamos a los que son golpeados para Cristo, o sufren hambre, pobreza, desnudez, prisión o tortura a diario (Mateo 25:44-45)?  ¿O más bien, por amor a nuestros hermanos (Juan 13:34-35) llevamos las cargas los unos de los otros (Gálatas 6:2)?  ¿Ayudamos a los que sufren orando por ellos?  ¿Nos acordamos de los que están en las prisiones y de aquellos que están siendo maltratados como si fuera yo mismo (Hebreos 13:3)?  ¿Prometeremos nunca abandonar a nuestros hermanos perseguidos por alguna razón?

Dios nunca abandona a los perseguidos.  ¡Que ellos nunca sean abandonados por nosotros!