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EL PECADO NO ES UN ASUNTO DEL PASADO

Uno de los problemas que confronta la sociedad moderna es la flexibilidad con que se mira y trata el pecado.  Se ha enfatizado tanto en la misericordia, el amor y la libertad que Dios trae a la vida del humano, que se ha olvidado que ese mismo Dios sigue reprochando el pecado.

El pecado desde siempre ha consistido en todo acto contrario a Dios, su Palabra, sus mandatos y decretos.  Sus consecuencias no han cambiado.  Quine peca, vive muerto separado de Dios (Romanos 6:23); a la larga queda en vergüenza (Marcos 4:22); siempre está expuesto a que le sobrevengan grandes calamidades, sin tener protección alguna (Deuteronomio 28:15); sufrirá grandes derrotas y será causa de derrotas para los que le rodean (Josué 7:1-26).  Y a partir de este mundo lo que le espera es un sufrimiento eterno (Apocalipsis 20:14-15).

Como nota peculiar, el pecado tiene la característica de que quien lo practica se va acostumbrando a tal conducta.  Muchas veces siente y piensa que como nada le ha ocurrido, ni ve bajar fuego del cielo para consumirlo, puede continuar adelante con lo que hace.  Nada más lejos de la verdad; no confundamos el asunto con la paciencia divina.

El pecado con el firme propósito de destruir al ser humano se le presenta ofreciéndole siempre los beneficios; nada te dice de las consecuencias desastrosas (Génesis 3:1-7).  Es por ello que resulta absolutamente necesario vivir a los pies de Aquel que lo enfrentó y venció; Jesucristo el Señor.

El propósito de Jesús primero es salvarte, restableciendo la relación del hombre con Dios para que tenga vida abundante.  Segundo, Jesús quiere curar las heridas que el pecado provoca para que podamos enfrentar las consecuencias que dejara el pecado en nuestras vidas.  Tercero, nos quiere auxiliar en el proceso de transformación para que podamos enfrentar el pecado, luchar contra el y vencer sobre el mismo.

El pecado no es asunto del pasado, no depende de los usos y las costumbres.  Siendo un asunto que proviene del espíritu y tiene sus consecuencias en este mundo material, resulta indispensable que vivamos metidos en comunión con Jesús y nutridos de su Palabra.  Solo en esa plena comunión podremos identificar qué cosas son pecado, cómo enfrentarlas y cómo vencerlas.

Y al final del camino terrenal gozarte, porque al que venciere le espera el Reino de los Cielos.

¡Que Dios te bendiga!


 

 

 

 

Domingo 07 de Septiembre de 2008.