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NO PARES DE CANTAR, CANTALE EN TODO TIEMPO

¿Has conocido a Jesucristo?  Si la respuesta es afirmativa significa, entre otras cosas, que te has convertido en parte del pueblo de Dios.  Al ser parte del pueblo de Dios tenemos que internalizar que fuimos creados con un propósito: publicar las alabanzas a Dios (Isaías 43:21).

La Biblia, desde Génesis hasta Apocalipsis, está llena de expresiones de alabanzas a quien se las merece, nuestro Dios.  El como Soberano NO comparte su gloria ni su alabanza con nadie (Isaías 42:8).  Y es que al fin y a la postre El es el único que se las merece.  Se las merece porque es el Creador, el Padre proveedor, El Salvador que rescata el hoyo tu vida, El Consolador que de ti tiene cuidado y El Dios Justo que te ha preparado morada en el cielo para que en un día no muy lejano vayas a vivir con El eternamente.

La maldad por su lado intenta robarle a Dios su gloria y obtener de ti la alabanza (Mateo 4:8-9).  Para hacerlo, Satanás como sabe que no es acreedor de ello desde el mismo principio se ha disfrazado u ocultado detrás de medias verdades para tratar que el humano, en lugar de rendirle gloria a Dios, se la tribute a el (Génesis 3:1-7).  También se vale de los ofrecimientos de este mundo para lograr que quites la mirada del que se merece la alabanza y termines adorando erróneamente cosas, personas y metas que obviamente no son Dios (Mateo 4:8-9).

Tu parte y la mía es comprender que solo Dios se merece la alabanza y es el objetivo de nuestra adoración y canto (Deuteronomio 10:21).  A El solo cantaremos y a El solo adoraremos (Mateo 4:10).

¿Quizá te preguntes, pero porque tanto énfasis en alabar a Dios?  Podría contestarte llanamente pues porque es Dios y se lo merece.  Sin embargo, al mismo Dios le ha placido que tu descubras que en medio de la alabanza hay tesoros ocultos que solo alabándole podrás descubrir.  Por ejemplo, cuando estás triste al alabar a Dios descubres que, por un lado a la vez que llevas gozo al corazón del Soberano, te fortaleces a ti mismo (Nehemías 8:10).  Cuando te encuentras en aflicciones y en medio de situaciones que parecen no tener salida, comienzas a cantarle alabanzas a Dios y como respuestas El remueve los cimientos de la tierra para traer alivio y soluciones a tu dolor (Hechos 16:25).

Probablemente te parezca increíble, pero Dios es así.  Tú lo alabas y El te bendice.  Lo alabas en la tristeza y el cambia tu lamento en baile.  Lo alabas en momentos de debilidad y El te fortalece.  Lo alabas cuando te sientes deprimido y encadenado y El abre puertas, rompe cadenas y liberta tu alma.  El rey David aprendió estas verdades y disfrutó de los tesoros de la alabanza a Dios.  Esa es la razón por la que probablemente se inspiró para plasmar para siempre sus alabanzas al Soberano a través de la mayoría de los Salmos que hoy leemos.

Se tú partícipe de estas verdades bíblicas.  Reconoce a Dios como el único acreedor de la alabanza.  Cuídate de no rendírsela a la maldad y este mundo cayendo en las trampas de las cosas materiales y pasajeras.  Alaba a Dios en todo tiempo, cántale aún en tu dolor, enfermedad, oscuridad y situación que estés viviendo.  Enfrenta la tentación al Señor sólo adorando (Mateo 4:8-10).  Reconócelo como el objeto de tu alabanza y prepárate para que veas y vivas cosas que nunca has visto (Deuteronomio 10:21).

¡Que Dios te bendiga!                                              José O. Resto, Pastor

 


 

 

 

 

Domingo 7 de Diciembre de 2008.