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Hoy compartiremos una de las muchas experiencias que el pueblo de Israel vivió con Dios a través del camino a la tierra prometida, y nos llevará a una mayor comprensión acerca de los procesos que hemos enfrentado y enfrentaremos como parte del camino a nuestro encuentro con Jesucristo.

El pasaje ubicado en Números 21:4-9 nos relata un evento que analizaremos por parte, comenzando por resumir el momento en el que ocurrieron los hechos.  Israel había sido sacado de Egipto donde habían enfrentado un doloroso cautiverio de 400 años, en el cual se habían perdido fundamentos establecidos por Jacob, siervo fiel de Jehová, y que llevaban al pueblo a mantener el temor a Dios, la confianza y la fidelidad.  El pueblo se encontraba desmoralizado, desamparado y sin esperanza, aprendiendo las herejías religiosas de idolatría de los egipcios, aunque mantenían la esperanza de que Jehová enviaría un libertador que los sacase de la esclavitud.  Luego que Dios los liberare de Faraón por mano fuerte, los condujo a través del Mar Rojo y por el desierto a la tierra prometida que les prometió, viaje que les tomaría pocos días, pero que se transformaron en 40 años.  Israel no tardó en mostrar su estado deteriorado emocional, quejándose de cada dificultad que enfrentaban en el camino, pecando contra Dios ofreciendo sacrificios a un becerro de oro en un acto de idolatría que causó la muerte de muchos en medio del derramamiento de la ira de Dios.  Pero El, en su gran misericordia y fidelidad, no los consumió por completo como pudo haberlo hecho si no que los dirigió por el desierto entregándoles su Ley, y operando a través de ella sus corazones pacientemente.

Números 21:4-9 nos dice que ya en la recta final, en la trayectoria a la tierra prometida y luego de la victoria por mano de Jehová contra los cananeos en Horma, el pueblo se desanima una vez más y se queja contra Moisés y contra Dios por haberlos sacado al desierto y muestran repudio de la provisión divina.  Esta actitud desagradecida e ignorante se repitió una y otra vez a través de la historia de Israel.  El proceso en el cual entramos cuando iniciamos una nueva vida en Cristo Jesús, aceptándole como Señor y Salvador de nuestras vidas, no es un proceso que podamos entender a plenitud con nuestra mente carnal, pero es sumamente importante que no lo despreciemos y que caminemos en obediencia por el camino de Dios (Proverbios 19:16; 2da Pedro 2:10).  El maná representa la palabra de Dios en nuestras vidas con la cual somos alimentados espiritualmente y que nos lleva al conocimiento pleno de la voluntad de Dios, y eso es lo que Israel, por falta de entendimiento, estaba menospreciando.

La actitud del pueblo de Israel la encontramos en el verso 5, conllevó a la acción de Dios contra ellos, enviándoles serpientes ardientes que los mordiesen causándoles a muchos la muerte (Números 21:6).  Al menospreciar el maná, menospreciaban la provisión de vida y la consecuencia es la muerte.

Luego que el pueblo reconociera que había pecado contra Dios, se arrepintieron y rogaron a Moisés que orase a Dios par que quitase las serpientes, cosa que Dios no hizo.  Sino que dijo a Moisés que hiciere una imagen de una serpiente de bronce y la colocase en un asta (alta), y que cualquiera que fuese mordido por una serpiente ardiente y mirare la serpiente de bronce, viviría.  Esta serpiente de bronce de la cual se hace referencia en Juan 3:14, representa a Cristo crucificado.  Mirar a la serpiente de bronce cuando se está condenado a morir, que era la condición de todo aquel que había sido mordido por las serpientes ardientes, implicaba ser sanado y salvado.  Esto ejemplifica el plan de redención que estaba en el corazón de Dios desde la fundación del mundo (Génesis 3:15) y que se muestra varias veces a través de la historia del Antiguo Testamento donde Dios preparaba a su pueblo para el advenimiento de su Hijo Jesucristo.  Su sacrificio nos sana y nos salva de las mordeduras que nos condenaban a muerte.  Si has pecado contra Dios en desobediencia y menosprecio a su palabra, es necesario que te arrepientas, es hora de mirar a la cruz.

¡Dios les bendiga!                                                                             Javier Montañez Serrano

 


MIRANDO LA CRUZ

 

Domingo 27 de Julio de 2008.